Anónima

Una historia corta: No esta editado.

Ben dijo que soy muy bueno para encontrar personas, pero yo no le creí.

Esa noche no pude dejar de pensar en la conversación que tuvimos. Minutos antes de irme a la recamara, en la cocina miraba la tetera sonar, y fue en ese instante donde recordé que otros dijeron lo mismo.

Al día siguiente, desperté inquieto pensado en sus palabras. Mire el espejo del baño y sin demora, con mis pantuflas caminé a la puerta principal. En piyamas fui a comprar el periódico, un puesto de diario que quedaba a media cuadra del apartamento.

—¿Cómo está usted, Viktor? —Saavedra saludo.

—Todo bien. –Respondí sin retraso, cuando me pasaba el periódico El Día.

—Otra desaparición, y esta vez es una joven de 17 años. Creo que salió de una fiesta, y nunca volvió. —Agregó Saavedra.

El viejo que al parecer había leído la noticia, me adelanto algo. Cosa que en ocasiones trataba de no escucharlo, razón suficiente para compraba el periódico. 

—Son 1500 pesos. —Agregó.

—Aquí están. Gracias.

No quería pasar toda la mañana hablando con él. Que en muchas de las ocasiones no pude resistirme.

En el apartamento abrí a la sección de deporte, y sin demora fui directo a la sección de crímenes. Tuve una curiosidad en saber sobre el caso de esa joven, que Saavedra insistió en contar.

Cuando vi la foto de ella, tenía su pelo largo, ojos claros, estatura mediana, y de una contextura delgada. Creo que es la mejor foto que vi, pensé después de recordar otras grotescas en el pasado.

Sumergido en la historia leí hasta el final, saltandome algunos párrafos, y concluí que la policía no había hecho nada que contribuye a entender que le pasó a Andrea. Se demoraron en llegar a la casa de la joven ocho horas más tarde, después que reportaron su desaparición. Las palabras que el reportero escribió fueron desagradables, confirmando su enojo a la reacción lenta de la policía local. Además, describe que la policía es una de las más incompetentes. Inclusive, usó la palabra de sentirse avergonzado de la manera como manejan el caso.

PARTE 2


Santiago, siempre ha sido una ciudad muy ocupada. En el sector donde nací, cada uno se conoce muy bien. Desde joven me apodaron novelista de la calle Cervantes. Nombre que me agrado de escuchar.

En este sector de la ciudad, las casas fueron construidas cuando Santiago fue fundado. Así que la historia sobre nuestro patrimonio había pasado por generaciones. Cada uno orgulloso de vivir aquí.

Ese domingo por la mañana, partí al café del Salón Literario, y con mi periódico debajo del brazo entre al local. Esta vez estaba interesado en la sección de Cultura. A Veces necesitaba de un descanso, ya que las malas noticias, ponen mis ánimo por los suelos. 

—Hola Daniela, me podría traer café y tostadas. –Ordené.

—No hay problema, señor novelista. ¿Supo lo que pasó? —Ella agregó.

—¡No!

—Una chica fue secuestrada. —Habló con un tono de preocupada.

—Secuestrada, es una palabra fuerte. Quiere decir, retener, encerrar, raptar, etc. —Yo agregué con una sonrisa.

—Escuché que la joven tenía casi dieciocho, y ha estado desaparecida por más de veinticuatro horas. —Añadió.

—Lo leí en el periódico. Es una pena, lo siento. —Respondí.

—Además, ella vivía a unas cuadras de aquí. Como sabe, no ha sido la última. Bueno, no lo quiero molestar con esta noticia. Le traigo su orden pronto. –Y se retiró.

Volví a mirar el periódico, y comencé a leer sobre los últimos autores que ganaron los premios al mejor cuento corto. Sin demora, pensé en la joven, y por qué la policía se demoró tanto en llegar a la casa de sus padres. Enseguida, perdí el interés leyendo la sección cultural, y tuve que volver a la página de crímenes. Con más determinación que antes, comencé a leer cada párrafo del artículo. Pero esta vez, saqué de mi bolso mi libreta de notas, donde escribo pensamientos para no olvidarme de los detalles cuando describo sobre la vida real, símil al que voy a redactar ahora.

PARTE 3

-Viktor pensé que no te iba a encontrar aquí. -Hablo Ben, cuando se sentó a un costada de la mesa.

-Hola Ben, no pensé que llegarías.

– ¿Qué le puedo servir? –Pregunto Daniela.

-Lo mismo que él. Gracias Danielita. Siempre atenta. -Volvió hablar Ben, pero con dificultad de respirar. Debido a que había corrido para llegar a tiempo.

-Leíste sobre la desaparición de la joven. –Preguntó Ben.

Me pidió la sección de crímenes, y ahí comenzó a hablar. Yo estaba terminando de escribir algunos detalles, y cerré mi cuadernillo. Agarró el diario, y abrió la página en la sección donde pude leer más información de ella.

-Este podría ser un buen caso. ¿Qué piensas? -Hablo Ben detrás de esa enorme página. Ni siquiera me miró a la cara.

-Me imagino que hay otras personas trabajando en eso. -Respondí.

-Si, pero nadie sabe mejor que tú. Puedes rastrear a alguien por kilómetros. -Habló una vez más Ben.

Y volvió al periódico, que se arrugó después de bajarlo cerca de sus piernas para mirarme y contestar.

-Aquí está su café y las tostadas. -Llegó Daniel con el desayuno.

-Daniela, qué piensas sobre este caso de la joven. -Volvió a bajar el periódico para preguntar.

-Me parece que es un caso muy difícil de solucionar. Siento que el señor Viktor podría ayudar ahí.

-Gracias Daniela. -De inmediato se retiró.

-Viste, no soy el único que piensa lo mismo. Si tienes un don deberías de aprovecharlo.

No puedo negar que me había convencido por algunos minutos, y Daniela también. La realidad es que no tenía tiempo, ya estaba trabajando en una novela corta. Aunque, estaba un poco aburrido en el medio de ella. Quizás la tenga que cortar, como lo sugirió la editora.

-Lo siento mi querido amigo, no tengo tiempo. Hay gente experta en la policía que realizan ese tipo de investigación. -Le dije con determinación.

-No lo creo. A veces la gente está muy alterada y preocupada. Una de esas razones es que la policía tiene mucho trabajo o no tienen las capacidades e intuición para realizar este tipo de investigación. Para mí son unos brutos, no manejan los casos con seriedad. Y si alguien quiere ayudarlos se creen el queque, pensando que saben realizar todo, al pie y la letra.

Fue en esos segundos cuando miro a algunos clientes y en voz alta dijo.

– ¿Creen que Viktor podría ayudar en el caso de esta joven, que fue desaparecida a unas cuadras de aquí? -Parado hablo.

La gente reacción positivo. Me di cuenta de que me conocían. Al parecer habían leído algunos de mis libros.

-No sé qué decirte. Si entro en otra aventura no tendré tiempo para terminar mis proyectos.

-Yo pienso que podrías escribir del caso. -Agregó Ben.

-Combinar la vida real con la ficción es algo que no se juega. A veces la gente lo puede tomar de la manera incorrecta.

-De que estas hablando, todos los autores se basan de la vida real. Por eso que la gente lee. Lo difícil es como escribir algo que el público pueda aprender. Tú tienes una capacidad de resolver este tipo de casos, y podrías escribir sobre eso. Como dije, ayudaría bastante.

Fue en esos minutos cuando recline mi cuerpo hacia atrás de la silla. Pensé que Ben tuvo razón, Daniel y el resto de la gente que estaba ahí. Pero tenía miedo en embarcarme en una aventura como esta, y no poder ayudar a la gente que perdió a su hija.

-Piensa que una cabeza más en el caso no es una pérdida de tiempo. Es estar preocupado de nuestra gente. -Una vez más insistió Ben.

No estuve convencido, así que le dije a Ben que no insistiera, que la vida que llevaba estaba bien. No tenía que preocuparme de nada. No creí que yo podía ser la persona indicada para realizar ese tipo de investigación. Me fui del lugar en dirección a la plaza principal, y me senté ahí por algunas horas.

Horas más tarde en mi casa volví a pensar en lo ocurrido, y abrir el periódico.

Al otro día, en el café, Daniela me atendió, pero estaba un poco enojada, y yo no sabía por qué. Quizás fue algo que le pasó en la casa.  Algunos cliente, que vi el día anterior, me miraban extraño también. Fue algo fuera de lo común, y volví a la casa.

Tomé un descanso, y como a las ocho de la noche, pensé en la joven. Fue una seguidilla de preguntas que comenzaron a aparecer en mi cabeza. Involuntario, no pude negar que tuve muchas preguntas para la policía, y la gente que no vio a la joven esa mañana salir, que deberían de haberla visto

Mi corazón comenzó a latir muy rápido, y cuando Ben llego como a las nueve de la noche, casi en la entrada de la casa le dije. Escribiré sobre este caso. Será una aventura diferente a otras.