Poemas/Poems

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Cada poema está en proceso:

Each poem is in an editing process.

Café

Café, mezclado y con leche.
Aroma, sólido y transparente.
Granulado, cuando crece,
pepa castaña abeliana, africana, colombiana u de otro país.

Vienen en diferentes colores,
algunos claros y oscuros.
El grano, es pequeño,
con diferentes gamas,
envuelto en un paquete atractivo.
Sólido, casi del mismo color del grano.

Café robusto,
son aquellos que se cultivan en tierras fértiles.
En una variedad de terrenos,
puede ser en Iberia, África u otro país.

Pero el grano de café es siempre diferente,
por el tamaño, el color,
el aroma de las hojas del árbol y
la tierra que lo provee.

En la ciudad puedes ordenar el café cappuccino, latte, y el café moka,
que son los más comunes.

Hay muchas variedades de café,
distintos a otros por su grano, pais, árbol y
sus hojas.

De la misma forma la sociedad es diferente.
Como el café y su origen.
Cada uno es distinto y,
todos son importantes,
con sus diferentes matices,
colores y, endulzantes.

Algunos picante, salados,
agrios y sin colorantes.

De la misma forma que la tonalidad de este café.
Ahí postra encima del cubre de cama,
recordando lo heroica que fui,
hasta la hora postrada.

No fui reemplazada por las que cayeron en la batalla,
y sin tardanza nunca perdí la esperanza.

Algunas quisieron vengarse,
de aquellas alevosas,
el coraje y afeminado hombre,
supo que nuestra mano fue terrible que la existencia.

Fui una mujer varonil mirada sin vida,
tendida a mi compañero querido,
que recogí cada pieza de él,
empuñando mis manos,
cuando mi pecho ardió.

A veces con heridas,
que no me importo.

Avance serena y distante,
disponible a proteger una corta avanzada.

La atmósfera que viví fue fragua,
bebí del dolor que pide el agua,
sangre de otros,
rojas manchas,
de un gran torrente rojo en las arenas y el horror
de salir viva avance, avance, avance,
sin mirar atrás mi vida.

 

Silenciosa como un inmenso mar,
que se dilata como las olas,
explorando cada tramo de su cuerpo,
tal ventura.

Libremente, silencioso y a oscura,
húmedo, salvaje noche de bruma.

Cada tramo de su cuerpo va adornandolo,
en la aurea de su piel,
que, por la noche,
se deslizaba como un puma.


Los dos voltejamos en silencio,
debajo de la sabana brumosa,
como el mar azul y abierto,
con un aspecto bestial.

Lentas olas de mar,
desnudos, dos cuerpos salvajes,
ayudados por el oleaje,
dando lentas paletadas,
como el mar.

Hace muchas horas,
aquellas marejadas traidoras,
golpearon nuestros cuerpos,
endulzaron e intoxicaron con primor,
una enorme soledad.